De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

viernes, 26 de febrero de 2010

Ejercicios Espirituales.



Desde el domingo 21 al viernes 26 de febrero participamos de un retiro en nuestra casa, predicado por el Rector del Seminario de Asunción del Paraguay, el Pbro. César Villagra. Al final del mismo nos dejó la siguiente reflexión:
"Pienso que podemos sintetizar la reflexión de este retiro espiritual, que hemos tenido desde el domingo 21 a la noche hasta hoy viernes 26, con estas dobles características del ministerio sacerdotal de Jesús: ser digno de fe y misericordioso. Jesucristo que es Sumo Sacerdote es digno de fe, digno de crédito, confiable, fiable, autorizado por Dios; y misericordioso; y estamos llamados a ejercer nuestro ministerio sacerdotal dentro de esta comprensión del sacerdocio.
Es decir, debemos configurarnos con Cristo, lo cual significa que tenemos que llegar a ser también nosotros sacerdotes creíbles, sacerdotes autorizados, que la gente tiene que ver en nosotros la presencia de Cristo Sacerdote, Pastor, también Maestro que enseña y Cristo misericordioso, es decir, que también está en medio del pueblo, que comparte con la gente, que le lleva a los creyentes, a los no creyentes, y a los alejados la Palabra de Dios, que está en medio de ellos como sacerdote, con esta identidad propia de Cristo. Pienso que sólo de este modo podemos hacer presente el Reino de Dios en una sociedad y un mundo que tiene necesidad de Dios, que tiene necesidad realmente de encuentro con el Señor".

viernes, 19 de febrero de 2010

Experiencia de año pastoral.



Como parte del plan formativo, se nos propone el año pastoral, como oportunidad para tener un mayor acercamiento a la vida de parroquia y diocesana.

En este año, tres seminaristas de esta casa: Ariel Cifuentes de la Diócesis de Florida, Damián Legelén de la Diócesis de San José y Germán Celio de la Diócesis de Mercedes; realizaremos esta experiencia. Ariel lo hará en la parroquia San Antonio de Padua en la ciudad de Sarandí del Yí, Damián en la parroquia Ntra. Sra. del Luján en Trinidad y Germán en la Catedral de Mercedes.

Para llevar adelante dicha actividad, interrumpiremos nuestra formación en el Seminario, lo que nos permitirá poder convivir durante todo el año con las comunidades, a las cuales fuimos designados. Es esta la intención de este año, complementando la actividad pastoral que venimos realizando, desde nuestra etapa filosófica los fines de semana.

Es nuestra expectativa, compartir en las parroquias actividades que se realizan en la semana, como por ejemplo, catequesis de niños, de adultos, grupos bíblicos, visitas a enfermos, pastoral carcelaria, etc. Dándonos también la posibilidad de aprender y acercarnos a la realidad de la vida de un cura párroco, vida a la que nos sentimos llamados por el Señor.

Experiencia que nos regala el Señor vivir en el marco de este año sacerdotal, donde se propone la figura de San Juan María Vianney como modelo de santidad para todos los presbíteros.

(En la foto tenemos, de izquierda a derecha, a Ariel, Damián y Germán).

Peregrinación a la Virgen del Verdún.


18/02/2010.

Al igual que en años anteriores, hemos querido comenzar nuestro año bajo el amparo y la protección de María Virgen. Este año, el destino elegido ha sido La Virgen del Verdún, que será declarado Santuario nacional dada la conmemoración del jubileo de la Diócesis de Minas.

En un soleado y caluroso día, comenzamos nuestra actividad subiendo el cerro entre cantos, oraciones y charlas de reencuentro, luego del período de vacaciones. Una vez en la cumbre, encomendamos este nuevo año en las manos de María, con una oración, el canto del Salve Regina, y la bendición de Mons. Raúl Scarrone.

Posteriormente descendimos y celebramos la eucaristía en la ermita ubicada en la falda del cerro de la virgen. Dicha celebración fue presidida por Mons. Raúl Scarrone acompañado por el equipo de formadores.

El almuerzo, charla y diversión fueron momentos de gratuidad compartidos en la casa de Retiros del Verdún. Luego, un paseo por la ciudad de Minas, donde visitamos la catedral, para luego retornar a Montevideo.

Bajo tu amparo nos acogemos,

dulce Virgen María,

para que seas nuestra capitana y guía,

durante este año de formación.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Quiénes somos?


De los estatutos del Seminario

Las Diócesis comprendidas en el territorio de la República Oriental del Uruguay se comprometen a mantener una fructuosa colaboración en el campo de la formación sacerdotal. Obtenida la previa autorización de la Santa Sede los Sres. Obispos de dichas diócesis han determinado erigir de derecho el Seminario Mayor Interdiocesano a norma del Can. 237 &2 del CIC,

Este Seminario, que lleva el nombre de “Cristo Rey”, con sede en Montevideo, en la calle Juan Rodríguez Correa 1361, servirá a la formación de los alumnos del propedéutico, de filosofía y de teología de las Diócesis de: Montevideo, Salto, Melo, Florida, Minas, Mercedes, San José de Mayo, Tacuarembó, Canelones y Maldonado.

En conformidad con las disposiciones canónicas vigentes (cf. Can. 259), el Seminario depende en cuanto a régimen y administración de los Obispos de las antedichas diócesis, los cuales ejercitarán su autoridad en modo colegial. Son ellos los últimos responsables de la marcha general del Seminario así como su máxima autoridad ante la Sede Apostólica.

Este es el sueño de Mons. Jacinto Vera, que hace 125 años se comenzó a hacer realidad...

Nació el 3 de julio de 1813, murió con fama de santidad,
en Pan de Azúcar el 6 de mayo de 1881

-ORACIÓN-

Dios, Padre Nuestro, que ungiste con el Espíritu Santo a tu Siervo JACINTO, eligiéndolo como primer Obispo de Montevideo, para que como Cristo, Buen Pastor, llavara a todos los rincones de nuestra Patria el Evangelio de tu Amor y los Sacramentos de la Salvación:

Guía a nuestros Obispo y Sacerdotes. Evía abundantes y santas vocaciones sacerdotales y religiosas. Une a nuestras familias en la verdad y en el amor. Otorga a tus fieles la santidad de vida y fortaleza para ser testigos del Evangelio de Cristo.

Haz que viva según tus mandamientos, caminando bajo la luz de la fe, con la esperanza puesta en Tí, amándote con todo el corazón y amando a mi prójimo por amor a Tí.

Glorifica tu Nombre en tu Siervo JACINTO y concédele el honor de los altares, para alabanza de tu gracia y edificación del pueblo cristiano.

Y, a mí, por su intercesión, otórgame la gracia que humilde y devotamente te pido (pídase la gracia que se desea alcanzar). Amén

Padre Nuestro. Ave María. Gloria y Creo en Dios.

(Esta oración privada, conforme a los decretos del Papa Urbano VIII, no pretende prevenir el juicio de la autoridad de la Iglesia)

Historia del Cura de Ars.

San Juan Bautista Vianney nació el 8 de Mayo de 1786 en Dardilly, cerca de Lyons, y fue bautizado el mismo día

Desde muy niño sus padres lo llevaban a los campos, donde aprendió a ser pastor y, cuando era mayorcito se iba a cuidar los rebaños.

A los 13 años recibió la Primera Comunión en una celebración nocturna y clandestina, ya que, durante la Revolución Francesa se persiguió ferozmente a la religión católica. Durante toda su vida hablará siempre de este día y atesoraría el rosario que su madre le regaló en esta ocasión.
Juan María deseaba ser sacerdote, pero a su padre no le interesaba perder este buen obrero que le cuidaba sus ovejas y le trabajaba en el campo. Además no era fácil conseguir seminarios en esos tiempos tan difíciles. Por corto tiempo Juan Bautista asistió a una escuela de su pueblo, pero ahora que estaba creciendo, cada vez más los campos exigían de su trabajo. Fue en estas largas horas de faena en las que su convicción de ser sacerdote creció en su mente. Tuvieron que pasar dos años para que el padre aceptase las aspiraciones de su hijo de ser sacerdote.
Siendo mayor de 17 años fue reclutado a la guerra, pero circunstancias particulares le impidieron participar de la misma.La ley ordenaba pena de muerte a quien desertara del ejército. Pero el alcalde que era muy bondadoso escondió al joven en su casa, y lo puso a dormir en un pajar, y así estuvo trabajando escondido por bastante tiempo, cambiándose de nombre, y escondiéndose muy hondo entre el pasto seco, cada vez que pasaban por allí grupos del ejército. Conocía al Mayor Paul Fayot, quién se dedicaba a esconder desertores y acudió a el, pero no tenía lugar y le recomendó quedarse en la casa de su prima Caludine Fayot, una viuda con cuatro niños. Desde ese momento Vianney adoptó el nombre de Jerome Vincent. Bajo ese nombre llegó hasta abrir una escuela para los niños de la villa.
En 1810, cuando Juan llevaba 14 meses de desertor el emperador Napoleón dio un decreto perdonando la culpa a todos los que se habían fugado del ejército, y Vianney pudo volver otra vez a su hogar.
Su madre murió poco después de esta feliz reunión. Ahora tenía 24 años y el tiempo apremiaba. El 28 de Mayo de 1811 recibió la tonsura. El Padre Balley, viendo esencial que fuese a tomar estudios regulares lo mandó al Seminario Menor de Verrieres. Aquí el joven Vianney sufrió y tuvo gran faena, pero nunca brilló como un filósofo.
El Arzobispo de Lyons, quien era tío de Napoleón, sabía que su primer deber era buscar candidatos para el sacerdocio y así cada Parroquia fue instruida para que se iniciase una campaña para promover las vocaciones al Sacerdocio. El Padre Balley, quien ahora era el Párroco de Ecculy, abrió en la rectoría una pequeña escuela para formar aquellos jóvenes que sintiesen el llamado de la vocación. Trató de ir a estudiar al seminario pero su intelecto era romo y duro, y no lograba aprender nada. Los profesores exclamaban: "Es muy buena persona, pero no sirve para estudiante, no se le queda nada". Y lo echaron.
El Padre Balley había fundado por su cuenta un pequeño seminario y allí recibió a Vianney. Al principio el sacerdote se desanimaba al ver que a este pobre muchacho no se le quedaba nada de lo que él le enseñaba Pero su conducta era tan excelente, y su criterio y su buena voluntad tan admirables que el buen Padre Balley dispuso hacer lo posible y lo imposible por hacerlo llegar al sacerdocio.
Después de prepararlo por tres años, dándole clases todos los días, el Padre Balley lo presentó a exámenes en el seminario. Fracaso total. No fue capaz de responder a las preguntas que esos profesores tan sabios le iban haciendo. Resultado: negativa total a que fuera ordenado de sacerdote.
Su gran benefactor, el Padre Balley, lo siguió instruyendo y lo llevó a donde sacerdotes santos y les pidió que examinaran si este joven estaba preparado para ser un buen sacerdote. Ellos se dieron cuenta de que tenía buen criterio, que sabía resolver problemas de conciencia, y que era seguro en sus apreciaciones en lo moral, y varios de ellos se fueron a recomendarlo al Sr. Obispo. El prelado al oír todas estas cosas les preguntó: ¿El joven Vianney es de buena conducta? - Ellos le respondieron: "Es excelente persona. Es un modelo de comportamiento. Es el seminarista menos sabio, pero el más santo" "Pues si así es - añadió el prelado - que sea ordenado de sacerdote, pues aunque le falte ciencia, con tal de que tenga santidad, Dios suplirá lo demás".
Y así el 12 de agosto de 1815, fue ordenado sacerdote.
Y el 9 de febrero de 1818 fue enviado a la parroquia más pobre e infeliz. Se llamaba Ars. Tenía 370 habitantes. A misa los domingos no asistían sino un hombre y algunas mujeres. Su antecesor dejó escrito: "Las gentes de esta parroquia en lo único en que se diferencian de los ancianos, es en que ... están bautizadas". El pueblucho estaba lleno de cantinas y de bailaderos. Allí estará Juan Vianney de párroco durante 41 años, hasta su muerte, y lo transformará todo.
Sin embargo sus sermones e instrucciones le costaban un dolor enorme: su memoria no le permitía retener, así que pasaba noches enteras en la pequeña sacristía, en la composición y memorización de sus sermones de Domingo; en muchas ocasiones trabajaba 7 horas corridas en sus sermones.
El nuevo Cura Párroco de Ars se propuso un método triple para cambiar a las gentes de su desarrapada parroquia. Rezar mucho. Sacrificarse lo más posible, y hablar fuerte y duro.
En esos días la profanación del Domingo era común y los hombres pasaban la mañana trabajando en el campo y las tardes y noches en los bailes o en las tabernas. San Juan luchó en contra de estos males con gran vehemencia.
Pasaron dos años cuando llegó la noticia de que M. Vianney sería el Cura de Salles, en Beaujolais. Todo el pueblo de Ars estaba consternado con la noticia.
Para asegurar su futuro, el pueblo pidió que su villa fuese erigida en parroquia regular y que su párroco fuese el Cura de Ars.
Ese mismo año el Santo Cura de Ars inició los trabajos en la Iglesia. Se construyó una torre, y varias capillas laterales, entre ellas una dedicada a la Santísima Virgen, donde por 40 años todos los sábados diría Misa el santo cura.
Después de 2 años y medio, el Domingo se respetaba como el día del Señor. Todo el pueblo iba a Vísperas.
Su tierno amor por la Virgen Santísima lo movió a consagrar su Parroquia a la Reina del Cielo. Sobre la entrada de la pequeña Iglesia puso una estatua de la Virgen que aún se encuentra en el mismo lugar.
Tenía que pasar 12 horas diarias en el confesionario durante el invierno y 16 durante el verano. Para confesarse con él había que apartar turno con tres días de anticipación. Y en el confesionario conseguía conversiones impresionantes.
Desde 1830 hasta 1845 llegaron 300 personas cada día a Ars, de distintas regiones de Francia a confesarse con el humilde sacerdote Vianney. El último año de su vida los peregrinos que llegaron a Ars fueron 100 mil. Junto a la casa cural había varios hoteles donde se hospedaban los que iban a confesarse.
Siempre se creía un miserable pecador. Jamás hablaba de sus obras o éxitos obtenidos.
Una tentación le persiguió casi por toda su vida en Ars, y esta era el deseo de la soledad. Con toda sinceridad, M. Vianney se sentía incapaz para su oficio en Ars. En el 1851 le rogó a su obispo que lo dejase renunciar. En tres ocasiones llegó hasta irse del pueblo, pero siempre regresó.
Pasaron 41 años desde el primer día en el que el Cura llegó a Ars, fueron años de actividad indescriptible.
El mes de Julio de 1859 fue extremadamente caluroso, los peregrinos se desmayaban en grandes cantidades, pero el santo permanecía en el confesionario. La enfermedad progresó rápidamente. En la tarde del 2 de Agosto recibió los últimos sacramentos.
En la noche del 3 de Agosto llegó su obispo. El santo lo reconoció pero no pudo decir palabra alguna. Hacia la medianoche el fin era inminente.
Falleció a las 2:00 a.m. del Sábado 4 de Agosto de 1859.
Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars.
El 8 de Enero de 1905, el Papa Pío X, Beatificó al Cura de Ars; y en la fiesta de Pentecostés Mayo 31 de 1925, en presencia de una gran multitud, el Papa Pío XI pronunció la solemne sentencia: "Nosotros declaramos a Juan María Bautista Vianney que sea santo y sea inscrito en el catálogo de los santos".

Colaboraciones.

¡¡¡PARA LA FORMACIÓN
DE NUETROS FUTUROS SACERDOTES
TU COLABORACIÓN ES NECESARIA!!!

El Seminario Interdiocesano es una institución de la Iglesia uruguaya que se financia
con las aportaciones que realizan las diferentes diócesis del Uruguay.

A los gastos generales inherentes a la vida del Seminario (manutención, personal, mantenimiento del edificio) se le agrega la necesidad de mantener el proceso formativo actualizado y a veces se requieren medios de formación costosos: biblioteca,
suscripciones a revistas especializadas, talleres y cursos, etc.

Si Ud. quiere dialogar y colaborar con nosotros,
puede hacerlo a través de los siguientes medios:


Dirección : Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey"
Juan Rodriguez Correa 1361 (Prado)
C.P.: 11.700 - Montevideo-Uruguay
Tel.: (02) 200 83 87 - 203 54 39
Fax: (02) 203 35 33
E-mail: smicrey@adinet.com.uy

Pero nuestras necesidades nos son solo de financiación, como toda obra de
Dios en la que los seres humanos estamos insertos necesita de la asistencia
del Espíritu Santo para llegar a buen puerto. Como el Señor Jesús aseguró
que Nuestro Padre Dios no le niega a quienes le piden con confianza
le pedimos nos ayuden con el sostén de su oración .

Por eso también queremos saber quienes pueden y quieren comprometerse