De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

sábado, 27 de marzo de 2010

Testimonios vocacionales: Mathías Soiza.



Mathías es de Montevideo, tiene 20 años, trabajó cuatro años como catequista en la parroquia de Tapes, hizo varios cursos en el IPC, estudió un año en la Facultad de Psicología. Actualmente se encuentra cursando su 2º año de filosofía, y realiza su experiencia pastoral en la parroquia de La Barra de Santiago Vázquez, donde da catequesis a niños y anima un grupo de adolescentes.

“Yo quiero ser Cura -dice Mathías-, o estoy en el camino de formación para ser sacerdote, principalmente porque siento que es lo que Dios me pide, que es a lo que Dios me llama.

Es una llamada que, en primer lugar, frente a un montón de miedos o de cosas a las que hay que renunciar, u opciones que hay que tomar, te impulsa y te da la fuerza para hacerlo, para renunciar a otros proyectos de vida posibles u a otros caminos posibles que tomar en la vida, como puede ser la vida en familia, u otro tipo de vocación, quizá religiosa, etc. Es también una llamada que no es solamente para vivir yo y yo solo, y yo conmigo mismo, sino para vivirlo junto con otros hermanos en la fe, y dirigido u orientada a vivirla en bien de la Iglesia, y del Pueblo de Dios.

No es que hay un Seminario para cada uno, es un seminario donde actualmente somos veintiséis que estamos en el mismo camino, si bien en diferentes etapas, y vamos compartiendo la vocación y las distintas experiencias de fe, lo que significa un enriquecimiento mutuo. Nos ayudamos a crecer entre todos y esto es una de las cosas más valiosas que tiene nuestra vocación: ir compartiendo la vida con hermanos en la fe que están en el mismo camino que nosotros, que nos ayudan a caminar, y nos apoyamos entre todos. A veces también compartimos con hermanos que están en la fe pero no están en la misma situación que nosotros, o que no han tomado la misma decisión vocacional que nosotros, a los cuales también con nuestro testimonio podemos ayudar a descubrir que quizá el Señor les pide lo mismo, o que les pide otra cosa; y ellos, a su vez, pueden ir ayudándonos también a formar en nosotros un corazón de pastores”.

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