De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

domingo, 22 de agosto de 2010

Entre todos. Fiesta del Cura de Ars.

Sacerdotes en la fiesta del Santo Cura de Ars.
El camino al cielo.
Nota elaborada para "Entre todos" por el Pbro. Enrique Passadore

El pasado miércoles 4 constituyó para los sacerdotes del clero secular de todo el Uruguay, un verdadero día de fiesta en la feliz celebración de nuestro santo patrono, San Juan María Vianney.Convocados al SeminarioInterdiocesano, desde las primeras horas de la mañana fuimos arribando los presbíteros para disponer nuestro corazón en el encuentro eucarístico y en el compartir un almuerzo fraterno.


Desbordando la capilla, la celebración, presidida por nuestro Arzobispo y concelebrada por todos los demás obispos y centenares de sacerdotes, constituyó un fervoroso momento de oración y acción de gracias.
En su magnífica homilía, Mons. Alberto Sanguinetti trazó en forma amena, como en “conversación familiar”, los rasgos principales de quien definió como “¡un gran santo!”, buscando hacer notar de qué manera, pese a que nuestra época es distinta, hoy interpela al sacerdote del clero, a vivir la entrega pastoral, el espíritu de oración, de sacrificio y de realismo, que caracterizaron a Juan María Vianney durante toda su vida, especialmente en sus más de 40 años en el pequeño pueblito de Ars. Repasó algunos detalles que había “redescubierto” al releer la biografía escrita por Francis Trochu.

No perdió ocasión, asimismo, para referirse a nuestra “réplica del Cura de Ars”, el Siervo de Dios Jacinto Vera. A propósito del mismo, recomendó, en el momento que llamamos en las comunidades “avisos parroquiales”, la lectura del libro “JacintoVera‐ El misionero santo”, que allí mismo se podía adquirir. Recomendación que fue refrendada por Mons. Cotugno, quien expresó que había “quedado encantado” en el día de su presentación, pero que se permitía “corregir” la famosa expresión de Zorrilla de SanMartín: “¡El santo ha muerto!”, por una de: “¡El santo vive!”
Podemos decir que se “engarzó” la figura del cura de Ars, ya elevado a los altares, con nuestro
Don Jacinto que se encuentra en camino a su canonización.
Poniendo una nota de familiaridad a la asamblea reunida, se homenajeó con un fuerte aplauso a un verdadero “patriarca” de nuestra Iglesia uruguaya: Mons. Roberto Cáceres, primer obispo emérito de Melo, donde sirvió como pastor durante 34 años, con motivo de haber cumplido sus “bodas de platino” sacerdotales (¡65 años!) el pasado 15 de julio.
Asimismo, como el mismo Mons.Cáceres expresó, se encuentra en su “nonagésimo anno ineunte”, es decir próximo a los 90 años que celebrará, Dios mediante, el 16 de abril del 2011.
El almuerzo posterior, además de compartir, lo que con gran atención nos sirvieron los seminaristas, comandados por su Rector, el P. Gonzalo Estévez, nos permitió compartir recuerdos y vivencias entre compañeros, así como intercambiar entre las diversas generaciones, desde quien lleva 65 años de ministerio (Don Roberto) hasta los más recientemente ordenados. Venidos todos desde los distintos puntos del país, desde Salto al Chuy, pasando por los demás pueblos y ciudades donde nuestra Iglesia en sus 10 diócesis, peregrina en Uruguay.
Así como cuando allá por 1818, el humilde sacerdote Juan María Vianney le expresó a un niño que le había indicado el camino hacia, donde había sido nombrado párroco: “¡Ya que tu me has indicado el camino a Ars, yo te indicaré el camino al cielo!”, una vez más, el santo cura nos sigue indicado con el dedo de su testimonio de vida, “el camino al cielo” en el ejercicio de nuestro ministerio al servicio del pueblo de Dios.
¡Como para no celebrar “cor unum” su fiesta en las dos mesas: la de la Eucaristía y la de la comida fraterna!
Perlas del Santo Cura de Ars.


* Lo central de su vida, como sacerdote,  era celebrar la Misa. La Misa era lo más grande para él. Durante sus cuarenta años en Ars, antes de celebrar la misa (de ordinario a las siete de lamañana) se preparaba durante casi una hora de oración... ¿era tan grande lo que iba realizar!: "Si uno tuviera suficiente fe, vería a Dios escondido en el sacerdote como una luz tras su fanal, como un vino mezclado con el agua. Hay que mirar al sacerdote, cuando está en el altar o en el púlpito, como si de Dios mismo se tratara".
* Jamás se negó, jamás. Se dio siempre a los demás sin interés alguno. 'La señorita Bernard de Fareins, enferma de un cáncer terminal, deseaba antes de morir tener el consuelo de ver por última vez al Cura de Ars, de quien oía contar maravillas. El reverendo Dubouis le escribió cuatro palabras para comunicarle los deseos de la enferma.
Era el día del Jueves Santo de 1837, día en el que tenía la costumbre de pasar toda la noche en la iglesia, acompañando a Jesús en el Monumento. Sin haber dormido, partió enseguida para Fareins. Se equivocó en el camino; después de dar vueltas y vueltas, llegó cubierto de barro y muerto de fatiga. No quiso aceptar ni un vaso de agua. Como ya era conocido, la gente del pueblo le abordaba por la calle. Sin la menor impaciencia, atendió amablemente a cada persona, y se volvió a su casa sin darse importancia.Lo mismo en 1852, con 66 años, el Rdo.Beau (Cura de Jassans y confesor ordinario del cura de Ars durante 13 años), cayó gravemente enfermo: "Mi amigo vino a visitarme.
Era por la tarde del día del Corpus, el 11 de junio. Hizo el viaje a pie, con un fuerte calor y después de haber presidido en Ars la procesión del Santísimo Sacramento', contaba agradecido este sacerdote".
* Quiso vivir pobremente, prescindiendo de todo lo posible, para que nada le atase. Y si podía dar, prescindía sin pensárselo dos veces.
Un día, cuando se dirigía al orfanato para explicar el catecismo, se cruzó con un pobre desgraciado que llevaba el calzado destrozado. Inmediatamente, el Cura le dio sus propios zapatos y continuó su camino hacia el orfanato intentando ocultar sus pies descalzos bajo la sotana.
* Cuenta Juana‐María Chanay: Le envié una mañana un par de zapatos forrados, enteramente nuevos.
iCuál fuemi admiraciónal verle, por la tarde, con unos zapatos viejos, del todo inservibles! Me había olvidado de quitárselos de su cuarto. ‐¿ Ha dado usted los otros? , le pregunté: ‐Tal vez sí, me respondió
tranquilamente.
* En invierno iban muchos pobres a su casa a pedir: "Qué feliz estoy ‐decía‐ de que vengan los pobres! Si no viniesen, tendría que ir yo a buscarlos y no siempre hay tiempo". Les encendía el fuego de la chimenea, les calentaba, y mientras tanto también aprovechaba para hablarles del Buen Dios, les animaba a que le amasen.
Algunos le propusieron hacerse cargo ellos, de los pobres, para quitarle trabajo al Cura; pero los pobres, con quien querían estar era con el Cura. Juan Pertinand, que lo vio, cuenta: Los llamaba 'amigos míos' con una voz tan dulce, que se retiraban muy consolados:
¡Se sentían queridos!

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