De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Peregrinación al Santuario de la Virgen de los 33.

Imagen tomada de la página web de la CEU.

El pasado domingo 14 de noviembre, todo el Seminario partió en peregrinación hacia el Santuario Nacional de la Virgen de Los Treinta y Tres en Florida.
Junto a peregrinos representantes de la Iglesia Uruguaya celebramos la Eucaristía que presidió Mons. Martín Pérez Scremini, acompañado por todos los obispos que integran la Conferencia Episcopal del Uruguay, sacerdotes, religiosos/as, y laicos/as de todo el país.
Al terminar la Eucaristía nuestra comunidad de Seminario partió hacia la casa "Buen Pastor", donde compartimos el almuerzo con nuestros obispos.
Sobre las 15:30 llegamos al Parque de la Piedra Alta para poder apreciar el momento de espectáculo previsto, además de encontrarnos con personas de nuestras comunidades de origen o de pastoral.. 
A las 17:00 partimos junto a la imagen de la Virgen en procesión hacia la Catedral, donde, luego de realizar una oración, el Obispo de la Diócesis de Florida y Durazno despidió a los peregrinos.
De esta manera, en cierta forma "cerramos" el año, que habíamos iniciado con otra peregrinación, al Santuario de la Virgen del Verdún, y que ha hecho visible la presencia cercana de nuestra Madre en nuestro camino. 

Nos visitó la "Frater".



El pasado lunes 15 de noviembre nos visitó Jorge Milano, un representante de la "Fraternidad Cristiana de Personas Enfermas y con Discapacidad" (Frater) para darnos a conocer en qué consiste este movimiento.
"La Frater es un movimiento internacional de apostolado laico en el cual las mismas personas enfermas y con discapacidad asumen su dirección y difusión. Se fundamenta en el espíritu evangélico que reúne en sincera amistad a personas con experiencia de sufrimiento, viviendo el sentido último de la existencia.
Se forma por contactos de persona a persona. Uno de los males que sufre una persona enferma o discapacitada es el aislamiento. El contacto personal rompe este aislamiento. Para conseguir el desarrollo de la persona con discapacidad es preciso conocer sus necesidades, sus problemas, y es en el contacto personal que estas necesidades se descubren. La Fraternidad es intercambio, se da y se recibe al mismo tiempo. Por eso las visitas es una de las actividades primordiales del fraternista. Estas visitas deben hacerse dentro de un amor fraternal.
Funciona a través de equipos relativamente pequeños, de entre cinco y diez personas, donde se va realizando la formación personal y todos se van entregando a la acción evangelizadora..
La Frater hace cambiar la mentalidad de la persona con discapacidad o enferma, haciéndole tomar conciencia de sus valores como personas y de las muchas posibilidades que tiene, y pone  en el factor de la amistad solidaria el logro de sus ideales". (Extracto del folleto de presentación.)

martes, 9 de noviembre de 2010

Homilía de Mons. Nicolás Cotugno en la ordenación diaconal de Sebastián Pinazzo.

Homilía de Mons. Nicolás Cotugno en la ordenación diaconal de Sebastián Pinazzo

“144 mil”...para decir “todos”. Fuente: "Entre Todos".




Demos gracias a Dios que nos regala en Juan Sebastián, un diácono en camino al sacerdocio. Y le damos gracias en este día en que celebramos lo que estamos llamados a ser, habiendo empezado a serlo...¡Santos! ¡Todos, sin ninguna excepción!
* Ahí está el hermosísimo panorama que nos presenta el libro del Apocalipsis, que como saben, es el libro de la Revelación, de la manifestación de las últimas cosas. Que con ese lenguaje un poco extraño, nos
quiere decir que todos estamos llamados a ser salvados y a vivir glorificando a Dios en el reino de los Cielos.
144 mil...¡para decir todos! ¡Todos los seres humanos llamados a ser salvados!
* La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero. Ahí está Jesús, como el Cordero que inmolado y glorificado, es el Camino que nos lleva al Amor a través de la Verdad. Y el Amor es
Dios. Todos, como nos dice San Juan en la segunda lectura que hemos escuchado:
“Miren cómo nos amó el Padre.
Quiso que nos llamáramos hijos de Dios y nosotros lo somos realmente”.
* En estos días he tenido la gracia de ser instrumento de la llegada del Espíritu Santo para 250 jóvenes.
El viernes, en la Zona 1 confirmé a 90 jóvenes en la parroquia Sagrado Corazón de los jesuitas; ayer otros 90 de la Zona 6 en la parroquia de Punta Carretas y otros 25 en el Líbano.
Y hoy el Espíritu Santo viene para llamar a Sebastián y decirle: “Yo te llamo para que conduzcas a tus hermanos a la gloria de la santidad”.
“Vas a ser servidor, servidor de la gloria de Dios a través de la vida santa de tus hermanos”, allí donde el Señor te envíe.

* Cómo no darle gracias entonces, antes que nada, por esta vocación que el Señor nos ha regalado.
De verdad somos hijos de Dios y todavía no se ha manifestado completamente lo que seremos, pero cuando
estemos en el Reino, a Dios lo veremos “cara a cara” y “seremos como Él”. El “verlo” quiere decir la posibilidad de entrar en esa comunión plena, total, con Él - el Padre- , que nos podrá abrazar verdaderamente por lo que somos en su Hijo Jesús: hijos infinitamente amados. ¡Qué hermosura poder decirnos: no es una ilusión que Dios nos ama, porque ya experimentamos ahora, en este mundo, este amor tan grande, tan maravilloso, de Dios!
* Sebastián querido: ¿para qué diácono? Para poder llegar a ser servidor de ese Dios Trinidad, que a
través de su Hijo Jesús se nos brinda, sobre todo en la Eucaristía, para ser ya ahora, una sola cosa con Él. Eso es la Iglesia. Eso es el pueblo de Dios. Y para poder llegar ahí nos indica el camino, el verdadero camino, que es el camino de la felicidad. ¡Felices...! ¡Felices...! ¡Felices...! ¿Quiénes?...
“¡Alégrense y regocíjense...!”
¡Santos!...


* El augurio para ti, querido Sebastián, de que en estos días que faltan para tu ordenación sacerdotal, el
Señor te conceda el don de gozar para ser servidor. Que te vaya formando Él, el servidor del Padre de toda
la humanidad, a servirnos proclamando la Palabra, partiendo, compartiendo, repartiendo el Pan de Vida en la Eucaristía, y también orientando por los caminos de Dios a aquellos que el Señor te confía, en la Iglesia, en esta Iglesia. Todo esto haciéndolo con ese espíritu de verdaderos servidores que nos hace realmente felices.
Sabiendo que Él es nuestro Maestro y nosotros somos sus discípulos y por ser discípulos de este Maestro somos como Él, enviados, misioneros, testigos. Sabemos que hoy no se nos cree por lo que decimos. ¡Apenitas, y cuando Dios toca el corazón, nos creen cuando vivimos de acuerdo a lo que decimos!
* Que tu servicio, entonces, desde hoy en adelante, por la Gracia del Espíritu, sea un servicio lleno de paz,
de serenidad, de alegría. ¡De esa felicidad que el Señor nos proclama hoy para ser santos!
* Y le pedimos a Aquella que es la Santa como nadie, esa Mujer, persona humana, María, la Madre de
Jesús, la Madre de Dios, la Madre nuestra, que nos ayude a ser como Ella...¡Servidora, servidores!
Y vivir con esa alegría en el corazón y en todo nuestro ser, proclamando la grandeza del Señor, porque
experimentamos en nosotros, día tras día, también a través de las dificultades, la felicidad de ser discípulos
del Señor. Y aún cuando el Señor permita que seamos perseguidos como Él fue perseguido, que nos dé el gozo interior de saber que es un regalo inmenso poder seguirlo también por el camino de la cruz y
Homilía de Mons. Nicolás Cotugno en la ordenación diaconal de Sebastián Pinazzo poder cantar y proclamar desde la experiencia de vida: “¡Mi alma canta dichosa, la grandeza del Señor!”...¡Y el resto que lo haga Dios!
* Me uno a tí, porque sé que tienes una inquietud, una preocupacíón en tu vida, la inquietud vocacional.
Entonces, me uno a ti, y a todos nuestros hermanos presbíteros, y diáconos, a todos los hermanos, los fieles laicos, pidiendo al Señor que nos siga entregando vocaciones a la vida de servicio, en el ministerio sacerdotal, en el ministerio diaconal, en el testimonio de la vida consagrada, para que todos juntos, como pueblo de Dios, seamos el resplandor de esa Luz que brilla en el Reino y que es el signo de la presencia de Dios entre
nosotros.
* ¡Que podamos ser todos nosotros, ese pueblo de discípulos verdaderamente unidos al Señor, que hacen transparentar la Luz de Dios, la Verdad de Dios, el Amor de Dios! Y ser así, todos juntos, misioneros, testigos de la felicidad de seguir a Dios, porque ya ahora somos hijos de Dios, santos, llamados a ser plena y
eternamente santos, para cantar la gloria del Señor ahora y siempre.
¡Que así sea!



Esta homilía fue desgrabada por la Redacción de "Entre Todos" y transcripta con la debida sintaxis procurando reflejar las pausas y los énfasis puestos por nuestro Pastor en sus palabras.

Las imágenes también son de "Entre Todos".

jueves, 4 de noviembre de 2010

Acción de gracias del Diác. Sebastián Pinazzo en su ordenación.


 “¡Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones en el Espíritu!” (Ef. 1,1).



Esta acción de gracias que es en primer lugar a la Trinidad Santa, de cuyo designio de Amor todo procede, se extiende también con justicia a muchísimas personas. Pues es más acorde a la Bondad y Sabiduría de Dios, y para mayor Gloria Suya, hacernos a los hombres colaboradores en su obra.
¡Bendito seas Dios que quieres que sean méritos nuestros lo que son dones tuyos!



Gracias a mi familia. A mis padres a través de quienes recibí el don de la vida. A ti mamá por todo el amor y la lucha con que nos sacaste adelante. Gracias papá por el apoyo y la amistad de estos años. A mis hermanos con quienes aprendí lo que significa permanecer unidos en las alegrías y las tristezas, las esperanzas y las preocupaciones. Sammy, compañera fiel de toda la vida. Guille, con quien comparto lo más valioso, la fe. Ana Clara, presencia siempre serena y alegre. Vale, dadora de vida y esperanza. Pía, “niña de mis ojos”, luchadora incansable. Gracias a mis abuelos, ejemplo de una vida fecunda, entregada día a día, en fidelidad y humildad.



¡Bendito sea Dios por el don de la familia, escuela de amor y perdón!
Gracias a la Iglesia Madre y Maestra, de la que he recibido mi mayor tesoro: la fe. Gracias a quienes en  mi infancia me transmitieron la fe en Cristo. La comunidad de Nueva Palmira, en donde recibí la gracia del Bautismo de manos del Padre Bartolomé (Dios lo tenga en su Gloria). El P. Flavio Salerni, misionero italiano. Las catequistas, y la multitud de Testigos que me hablaron de Jesús en  mi infancia, muchos de ellos de tradición protestante.



¡Bendito seas Dios, que formaste un pueblo para que proclame a todas las generaciones las maravillas de tu amor!
Gracias a la Iglesia de Montevideo, en la que el Señor me llamo a servir. Gracias a usted Mons. Nicolás por su confianza y apoyo a lo largo de la formación y por encomendarme hoy este ministerio. Gracias al presbiterio por su fraternidad, especialmente experimentado en la cercanía y afecto de tantos sacerdotes: P. Luis, de manos de quien recibí la primera comunión, aquí, en esta Catedral. P. Guillermo, quien me acompañó en el despertar y el discernimiento vocacional.  Gracias a los formadores que me ayudaron a crecer en la vocación: Mons. Arturo, P. Carlos, P. Daniel, P. Gonzalo, P. Fredy. A los acompañantes y confesores, testigos del paso de Dios por mi vida y de su misericordia. Mons. Milton, P. Basilio, P. Francisco. Gracias a los párrocos que me abrieron las puertas de sus comunidades y de sus corazones de pastor: P. Juan, P. Eliomar, P. Daniel. Gracias también a los diáconos que hoy me reciben en su orden. Gracias especialmente a los diáconos permanentes, ayúdenme a recordar que ser servidor también ha de ser algo permanente para mí.



¡Bendito seas Dios, que no dejas de suscitar en tu Iglesia pastores según tu corazón!
Gracias a las comunidades. A la comunidad de san Pedro, donde redescubrí la belleza de Jesucristo y de su seguimiento. Gracias a las comunidades que me acompañaron en el proceso formativo: Al Cottolengo Don Orione, donde experimente el valor y la dignidad de toda persona. A la comunidad del Santuario del Cerrito, gracias por su amistad y por ayudarme a descubrir y cultivar mis talentos.
Gracias a la comunidad del Carmen de Puntas de Manga, familia de familias, donde maduré mi vocación aprendiendo de la fe arraigada de ustedes. Al equipo de pastoral adolescente, gracias por la amistad y el trabajo compartido. A la comunidad de san Alejandro, fraterna y generosa, gracias por haberme recibido con los brazos abiertos y haberme alentado y acompañado en este último tramo del camino. A las comunidades religiosas de hermanas, particularmente a la Vida Consagrada Arquidiocesana, las Misioneras Catequistas de Jesús Redentor y las Misionera de Pedro Claver, gracias por ser en mi camino el rostro materno de la Iglesia.
¡Bendito seas Dios, por el testimonio de tantos laicos que con su entrega son testigos de tu amor!



Gracias a todos los que humilde y ocultamente han hecho posible todos estos años de formación. A quienes rezan por el seminario y a los bienhechores. A Mons. Raúl Scarrone, presencia cercana y fraterna. Al personal que con su trabajo hacen posible el diario vivir. A los distintos profesionales que nos ayudan en la formación. Al Serra. A la Facultad de Teología, su personal docente, administrativo y de servicio.
¡Bendito seas Dios providente, que no dejas de darnos cuanto necesitamos!



Gracias a todos aquellos con quienes compartí el Seminario. Gracias hermanos seminaristas por el afecto y la paciencia que han tenido conmigo en la convivencia cotidiana. Agradezco especialmente a aquellos compañeros de comunidad con quienes entre al Seminario y aquellos que luego el Señor me fue regalando como hermanos de comunidad: Manolo, Andrés y Pereira – a quienes el Señor ha llamado por otros caminos. A Rubén, Crhistian, Gastón, Romero, Perera y Martín – con quienes espero compartir en breve este ministerio. Gracias por las alegrías compartidas, por las búsquedas y las luchas, por las correcciones y el perdón regalado.
¡Bendito seas Dios familia, que nos regalas muchos hermanos con que compartir la vida!



Gracias a los amigos. A aquellos con los que comparto el día a día y también a aquellos con los que nos distancian los kilómetros y el tiempo, pero sin que logren separarnos. Gracias porque lo que hace hermosa la vida es compartir con los amigos las alegrías y las tristezas. Gracias porque con ustedes las penas se dividen y las alegrías se multiplican.
¡Bendito seas Dios, Amigo de los hombres, que pones en nuestro camino amigos con los que ir juntos a Ti!


Gracias a todos los que hicieron posible esta celebración. El párroco de Catedral. El Maestro de Ceremonias. El Coro dirigido por Ana Laura Rey, a Pablo el organista. Las hermanas de la VCA que hicieron los arreglos florales. Las hermanas salesas y carmelitas que me han hecho los ornamentos. Quienes sirvieron en los distintos ministerios, y todos ustedes, asamblea santa, quienes han traído la vida a esta celebración.
¡Bendito seas Dios que en la liturgia nos das la gracia de poder alabarte y glorificarte!



Finalmente, pero no menos importante, gracias a la persona por quien Dios ha querido hacerlo todo, a María, la llena de gracia. Nadie ha sido más plenamente “colmada de gracia” que ella. Por eso es para nosotros modelo, y al mismo tiempo, compañera de camino y segura intercesora: si por su respuesta generosa el Padre nos ha dado a su Hijo Amado, entonces, ¿qué cosa buena que le pidamos no nos dará el Padre por su intercesión? Pidamos a María, nuestra Madre, que no permita nos separemos nunca de su Hijo Amado, por quien el Padre, en el Espíritu, nos ha colmado de Gracia, para que nuestra vida sea alabanza de su Gloria, por los siglos de los siglos. Amén.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Visita del Serra Club.


El pasado martes 19 de octubre nos visitaron integrantes del Serra Club, con quienes compartimos la Eucaristía, una charla sobre el deporte y la fe, y la cena.


El movimiento Serra Internacional es un movimiento de la Iglesia, constituido por fieles cristianos, que está al servicio de la pastoral de las vocaciones y de los consagrados: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, consagrados laicos y misioneros. En 1951 fue agregado a la Obra Pontificia de las Vocaciones, y es miembro permanente en la Sagrada Congregación para la educación católica.
El Movimiento Serra procura sensibilizar a la comunidad y apoyar el fomento y cultivo de las vocaciones de especial consagración.
Su sede en Montevideo se encuentra en la calle Tacuarembó 1421, su teléfono es el 2481 2826, y atiende de lunes a viernes de 15 a 18 hrs.

Ordenación Diaconal de Sebastián Pinazzo.

El pasado lunes 1º de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, en la Catedral Metropolitana de Montevideo, nuestro hermano Sebastián Pinazzo recibió la ordenación Diaconal por parte del Arzobispo Mons. Nicolás Cotugno sdb.



Se notó la presencia de representantes de todas las comunidades que acompañaron el camino formativo de Sebastián, así como también la de sus familiares y amigos.


Luego de la ceremonia fuimos invitados al ágape que se realizó en las instalaciones de Radio Oriental.

Nos comprometemos y los invitamos a todos, a pedir al Señor para que siga bendiciendo a su Iglesia con vocaciones; para que le regale a Sebastián la gracia necesaria para ser fiel a la vocación que le regaló; y ya los convocamos a la ordenación sacerdotal que se realizará el domingo 4º de Pascua o del Buen Pastor.

Compartiremos con ustedes la acción de gracias que realizó Sebastián, que es también un testimonio vocacional.

Compartimos otras imágenes: