De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ordenación sacerdotal de Fernando Romero.



El pasado sábado 24 de setiembre fue ordenado sacerdote, en la catedral de Florida, nuestro hermano Fernando Romero. Compartimos su testimonio vocacional.
“Puedo decir primero que la vocación es un llamado de Dios, el llamado de Cristo que nos llama a seguirlo de una manera especial frente a esta propuesta que te hace de “vengan y vean”, “ven”, “ven  conmigo”, “tengo una misión para vos”, “tengo un camino que mostrarte”,  cada persona responde de acuerdo al sueño que Dios tiene para su vida.
Mi vocación surgió primero en mi familia. Vengo de una familia cristiana, así que mis padres desde niño ya me inculcaron la fe, la oración, el todos los días rezar, entonces como que de niño fui cultivando esa cercanía con Dios, esa cercanía también que me hacía desde adolescente sobre todo preguntarme qué quería el Señor de mi vida, qué quería que hiciera con mi vida, más allá del estudio, más allá de las relaciones de amistad.
En un primer momento fue comenzar a dar catequesis, comenzar a integrarme en la pastoral juvenil,  en los grupos, ir a retiros,  y con el tiempo me fui dando cuenta de que  Dios me pedía algo más, quería algo más de mi vida y sentía que el liceo, los amigos, los encuentros,  no me eran suficientes. Creía que Jesús me pedía algo más y charlando con sacerdotes, haciendo retiros, trabajando en la parroquia, me fui dando cuenta que lo que quería Dios de mí era un sacerdote. Entonces en la vida diaria fui dándome cuenta de que mi vida iba por ese lado, que estando más tiempo en la parroquia era más feliz que mi tiempo en mi familia.
 Releyendo mi vida, y sobre todo mi infancia, me conducía a eso, a ser sacerdote y bueno, con todo lo que eso implica de opciones de dejar cosas, a veces amistades. Empecé a caminar en un acompañamiento hasta que en el año 2003 entré al seminario.
También deseo invitarlos a escuchar al Señor: ¡adelante!, que Cristo nos llama a todos, y a todos nos llama a algo distinto. Si alguno de ustedes siente esta llamada sea a entrar al seminario, sea a formar una familia, hay que animarse porque realmente es muy lindo y Dios te da el ciento por uno; uno le entrega su vida y Él te entrega todo su amor, y eso es lo que  realmente cuenta.”