De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

miércoles, 14 de agosto de 2013

martes, 13 de agosto de 2013

Presentación sobre el Santo Cura de Ars.

Compartimos este excelente trabajo que hicieron nuestros compañeros sobre el Santo Cura de Ars; una presentación que daba la bienvenida a los sacerdotes.
Para verla haga click aquí o en la foto.


sábado, 10 de agosto de 2013

VISITA DEL DIACONADO PERMANENTE.


El pasado viernes 9 de agosto, vísperas de la fiesta de San Lorenzo, Diácono mártir, recibimos la visita de los Diáconos Permanentes de la arquidiócesis.

Compartimos la Eucaristía y la cena, donde pudimos intercambiar testimonios, escuchamos una breve reseña del Diaconado Permanente en el Uruguay, intercambiamos preguntas, y escuchamos el testimonio de la experiencia de la “Diaconía del Oeste”, una experiencia pastoral muy rica que llevan adelante tres diáconos en la zona del barrio Maracaná.

Cerramos la jornada compartiendo mutuas expectativas para el futuro.

Sin lugar a dudas, fue un compartir que nos enriqueció mucho a todos, y en el que se podían notar fácilmente la alegría y el agradecimiento que sentíamos hacia Dios y a todos nosotros, por tan linda gracia recibida.

Nos comprometemos a seguir orando por todos los ministerios y ministros de la Iglesia, para que la misma transmita cada vez con mejor transparencia el Amor de Cristo hacia todos nosotros.  

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SOLEMNIDAD DEL SANTO CURA DE ARS.


Como todos los años, el 4 de agosto recordamos al Santo Patrono de los sacerdotes. Para facililitar la mayor participación posible de todos los sacerdotes del país, trasladamos la celebración de esta fiesta del clero nacional para el pasado jueves 8 de agosto.

A las 11 celebramos juntos la eucaristía presidida por Mons. Nicolás Cotugno sdb, arzobispo de Montevideo, junto a todos los obispos de nuestro país, más de cien sacerdotes, algunos diáconos y todos los seminaristas de nuestra casa.

Posteriormente compartimos el almuerzo, oportunidad de confraternizar, saber cómo andan los hermanos de otras diócesis, intercambiar experiencias, y animarse mutuamente en la fidelidad a la vocación recibida. 

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NUESTRA PARTICIPACIÓN EN LA JMJ RÍO 2013



Con inmensa alegría compartimos con ustedes que también muchos seminaristas de nuestra casa de formación tuvimos la gracia de participar de la Jornada Mundial de la Juventud, en Río de Janeiro, en el presente año 2013.

Veintiséis fuimos los seminaristas que junto a nuestras diócesis y parroquias peregrinamos a la JMJ, que verdaderamente fue una experiencia que enriqueció la fe de todos nosotros, como reflexionábamos a la vuelta, cuando nos reunimos a compartir las distintas vivencias.

Gracias a Dios pudimos vivir una experiencia de una Iglesia muy viva y alegre. Además, el poder estar cerca del Papa Francisco y el poderlo escuchar en nuestro propio idioma ha sido una gran bendición de Dios.

Como dos grandes momentos de esta JMJ destacamos las palabras del Papa Francisco en la Vigilia y la Misa del Domingo, en Copacabana.

Ciertamente, compartir la fe con tantos jóvenes ha sido algo maravilloso que nos marcó a todos nosotros, por eso, a continuación queremos compartir con ustedes los testimonios de dos seminaristas que nos cuentan un poco, desde la fe, como vivieron la JMJ:






TESTIMONIO DEL SEMINARISTA JESÚS SUAREZ SOBRE LA JMJ RÍO 2013





Lo de Dios, provoca adoración silenciosa. Cuando uno se para ante el misterio, ante las cosas de Dios, ve y descubre que es Dios en verdad el que sale al encuentro de uno. Fue un Dios que me invitó a celebrar ante miles de Jóvenes, el misterio de la fe, y fue así un redescubrir la ternura y el cuidado de Dios para conmigo.

Descubro ahora, en el intento de describir esta experiencia de Jornada Mundial, momentos claves y fuertes. El haber compartido la jornada con un grupo de personas de mi ciudad, de mi parroquia, donde participaba desde pequeño; la confianza y ese vivir juntos de nuevo y celebrar las cosas de Dios; personas que fueron catequistas, compañeros de grupo de jóvenes, personas cercanas. También fue muy lindo el compartir con hermanos de otras diócesis del Uruguay. 


Nos acompañaban en el viaje hermanas de la familia Miriam, incardinadas en San José, en la Parroquia de villa Rodríguez, fueron para mi signo de Jesús, su presencia alegre y discreta que nos iban robando el corazón, acompañando, con la oración, cantos, sonrisas.

Para mí, la experiencia de la Jornada fue ver a toda una familia reunida en torno a una mesa, con las ansias y las ganas de darle sentidos a sus vidas, de conocer más a ese Jesús que sana heridas, es una iglesia que me da esperanza, es un Dios que llenó de esperanza mi vida. 

Ser conscientes de que somos muchos y que estamos juntos, fue muy emocionante el estar con tantos hermanos celebrando al Dios de la vida.


El compartir con personas concretas, charlas, conversaciones, el vivir juntos la jornada, vivir juntos a un Dios que sigue saliendo al encuentro de uno, que le dice sí a la vida de uno, que no se cansa, que ansiosamente nos busca, a pesar de nuestras triples negaciones, darle vuelta la cara, ponerle la espalda, cada día es fiel a lo que nos habló, nos sigue regalando su amor por medio de los hermanos, y en el mismo sacramento de la Eucaristía que se hace frágil y callado, manipulable.





Considero esta jornada, como regalo inesperado de Dios, ya que se me posibilitó la ida una semana antes de la fecha establecida, lo cual fue un acomodar horarios, salir también de la comodidad de las vacaciones. En verdad flor de regalo nos hace Dios a cada momento, el descubrirlo como lo que es, nos hace mas conscientes de su amor, y de la respuesta.

El colaborar entre nosotros fue algo para mi realmente emocionante, el mirar la necesidad del hermano, y regalarle una mano, un hombro. A cada instante se fueron dando situaciones donde se olía a Jesús, se respiraba un aroma de fraternidad. 

Considerando otro momento fuerte en cuanto a la experiencia de la Jornada, fueron así las palabras del Santo Padre, su cercanía su ministerio, y su sencillez. Que robaba el corazón de todos los allí presentes, nos hablaba como un amigo, con palabras entendibles, que tocan nuestra realidad, y cotidianeidad.

Linda experiencia de un Dios joven, alegre, y comprometido con mi vida. Un Padre que me conoce, y me habla al corazón, a lo más sensible de mi historia, un Dios que me dice, que me ama incondicionalmente e irreversiblemente, me dice que no tema.

Y el papa Francisco, nos invita a que le hagamos a Dios una pregunta, ¿Qué quieres que haga, Jesús? ¿Qué quieres que haga de mi vida?

TESTIMONIO DEL SEMINARISTA NICOLÁS ABREU SOBRE LA JMJ RÍO 2013


Qué decir Dios mío, ¿cómo poner palabras a aquello que solo viviéndolo se puede comprender?, fuimos realmente afortunados de poder estar allí. Uno veía el palpitar del corazón de la Iglesia en aquel lugar; se respiraba la fe, se veía la esperanza en el rostro de los jóvenes que llegados de todo el mundo venían al encuentro con Cristo; la caridad se manifestaba en el espíritu de de los peregrinos y voluntarios, que como luces brillaban indicando el camino, acompañando al perdido, atendiendo al enfermo, acogiendo y alimentando a tantos que por allí andábamos.

Debo confesar que yo no tenía planeado participar de la JMJ, lo que habíamos pensado en un principio era ir a la semana misionera que era la otra posibilidad, fue fruto del deseo de algunos jóvenes, la manija de algunos laicos y la ayuda de la providencia, que resolvimos soñar con ir a Río, fueron meses de trabajo que dieron su fruto.




La primera de mis alegrías fue ver los rostros felices de aquellos jóvenes que acompañé, con los que tanto luchamos, soñamos,  he imaginamos que todo esto era posible. Sus caritas de asombro ante aquella maravilla que sobrepasaba los límites de nuestra imaginación, éramos millones, todos compartiendo una misma fe, una misma alegría.

Al principio me costó asimilar la idea de que había llegado a Río, me faltaba algo, solo veía gente y mucho transito, hasta que finalmente vimos la playa y lo vimos a él, con sus brazos abiertos diciéndonos… “Bem Vindos”, el Cristo redentor nos miraba desde lo alto, ahí fue cuando estallamos de alegría.



Ser el Gaucho de la patria, que honor para mi, indigno me sentí de tan bello regalo, representar a mi país, a los jóvenes uruguayos, con nuestra vestimenta típica. Me produjo una enorme alegría la noticia y también preocupación porque no contaba con todas las prendas que hacen a la figura del Gaucho, apenas tenía un par de botas y una bombacha. Fue gracias a la solidaridad de mis vecinos y amigos que logre conseguir la vestimenta, no les miento cuando digo que sobre mi llevaba a un pueblo.

Nunca me sentí tan feliz de ser uruguayo, isabelino, nacido en rivera, con un corazón bien diocesano, lucir aquella vestimenta me llenaba de orgullo, imagino que debe ser el mismo sentimiento que sienten los futbolistas cuando representan a nuestro país luciendo la casaca celeste. Sabíamos que no estábamos solos, habían 3 millones que estaban allí.  Soledad,  llevaba un vestido hermoso, que supo lucir muy bien, estaba como el sol de nuestra bandera… brillante. Su simpatía y calidez, cautivaba la atención de cuanto fotógrafo andaba en la vuelta.

Nuestra aparición en la Tele fue motivo de gran expectativa, alegría y conmoción en nuestros pagos, todo el mundo estaba expectante prendidito a la pantalla, sin saber si quiera, que íbamos a hacer, nos llovían mensajes de todos los puntos del país, saludos, felicitaciones, novedades y noticias de todo lo que había generado nuestra aparición.

Estuvimos cerquita, casi, casi, pero no llegamos a tocarlo, nos quedamos con pena, de no podernos lucirnos un poco mas, muy pocos nos vieron, la cuestión es que estuvimos allí y eso no lo vamos a olvidar jamás.

Me marco mucho la sencillez y la claridad de las palabras de nuestro Papa, fue muy profundo y claro, dijo: “Ustedes son protagonistas, constructores de la historia, comprometámonos con ella, edifiquemos la Iglesia”, nos habló de Vos, nos dijo que: “el cambio comienza por vos y por mi”.



“Ustedes son el campo de Cristo, los atletas de Dios, ustedes son los constructores de una Iglesia mas hermosa y de un mundo mejor, levantemos los ojos hacia la Virgen ella nos ayuda a seguir a Jesús, nos da ejemplo con su SI. Que también nosotros seamos capaces de dar nuestro SI a Cristo”.


Después de esto, pensé… "este realmente es el abrazo mas grande del mundo”, venia a mi mente el pensar en mi Diócesis, en tanta gente y en las ganas que tengo de ser Sacerdote, y de gritar con fuerza: “Aquí estoy Señor, siempre listo para Servir”.


Seminarista Nicolás Abreu
Diócesis de Tacuarembó
Uruguay

lunes, 5 de agosto de 2013

Testimonio de nuestro Rector, y del seminarista Marcelo De León al diario El País.

Tomado de El País Digital.


DE PORTADA

Casarse con Dios

Cada año, un puñado de jóvenes uruguayos decide convertirse en sacerdote o monja. El proceso es complejo y lleno de inquietudes.

Gabriela Vaz
Dicen que no pasa de un día para el otro, sino que es parte de un largo proceso. La mayoría se da cuenta en la adolescencia; en esa etapa notan el despertar de un sentimiento que les genera tanta incertidumbre como inquietud. El camino de la aceptación es arduo. Primero deben enfrentar la resistencia interna; tan solo imaginar las consecuencias de concretar su deseo -"de responder a ese llamado"- les genera un gran temor. Después, toca afrontar la oposición de la familia y los amigos, que a menudo tardan en entender y aprobar. Es que para muchos es difícil comprender por qué, en este Uruguay del siglo XXI, hay jóvenes que deciden convertirse en sacerdotes o monjas.
Hace ya tiempo que la Iglesia Católica se muestra preocupada por la merma en la cantidad de aspirantes a la vida religiosa. Y en Uruguay, el país menos católico del continente más católico del mundo -47% de la población uruguaya se declara parte de esa grey, doce puntos porcentuales por debajo del segundo país con menos fieles de esta religión en América Latina, que es Bolivia-, esta realidad parece más desalentadora aun.
Sin embargo, cada año, un puñado de jóvenes uruguayos comienza el largo proceso de querer dedicarse a la fe, que difiere según el género y la puerta que se toque. En algunos casos -como ciertas congregaciones de mujeres, por ejemplo- el recorrido puede extenderse hasta por 15 años.
En el Seminario Interdiocesano Cristo Rey, donde se forman los sacerdotes del clero secular, se requieren siete años de estudios para lograr la ordenación. Hoy, 34 hombres de entre 19 y 34 años residen allí, en diferentes etapas del camino a convertirse en presbíteros. "Este año subió un poco la cantidad de ingresos con respecto a los cuatro años anteriores. Pero el promedio de los que llegan se mantiene estable; entre seis y ocho por año", informa Milton Tróccoli, rector de la institución.
Oriundo de la canaria Santa Lucía, Marcelo de León es uno de los que cursa el séptimo y - "si Dios quiere", acota él- último año de formación. Cuenta que su período de discernimiento fue largo. El "llamado" le llegó a los 16 años, pero no tenía muy claro cómo responderlo. Si bien su familia era católica, su educación, pública, había sido laica. "No tenía mucho conocimiento de lo que es la vocación sacerdotal. Sí había hecho catequesis y me habían preparado para la confirmación. Me vinculé mucho a la Iglesia, comencé a dar catequesis, estaba dedicado a servir de cierto modo en la parroquia, en un merendero. Pero sentía que me faltaba algo. A medida que fueron pasando los años, cada vez que escuchaba algún testimonio vocacional, sobre todo del párroco que era mi referente, me movía el piso, me inquietaba. Eso me llevó a cuestionarme. Pasa que da mucho miedo. Creo que todo lo que implique una entrega, un sacrificio, da inseguridad. Tenés que dejar muchas cosas. Antes de entrar al seminario yo trabajaba, tenía mis amigos, mis actividades. Y entrar a un centro de formación implica la renuncia a muchas cosas. Aparte no tenés el cien por ciento de seguridad", dice el seminarista, que hoy tiene 30 años y la convicción de haber elegido bien.
Cuando se ordene, De León se sumará a los 468 sacerdotes, uruguayos y extranjeros, que hay en el país, según datos de 2011 proporcionados por Luis Fariello, secretario ejecutivo de la Comisión para el Clero de la Conferencia Episcopal Uruguaya. De ese total, 232 pertenecen al clero secular y 236 son religiosos, es decir, responden a congregaciones.
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