De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

sábado, 29 de agosto de 2015

LA VOCACIÓN ESTÁ EN LA PALMA DE TU MANO



 Me llamo Guillermo, soy cura desde hace 10 años; desde julio formo parte del equipo responsable de la formación de los futuros sacerdotes diocesanos del Uruguay, en el Seminario Cristo Rey, en Montevideo.

Los seminarios existen porque nadie nace siendo sacerdote. Algunos parecen tener claro su camino desde la primera infancia; otros dicen haber tenido que sudar mucho para descubrirlo. Pero en definitiva, ¿cómo puedo estar seguro de cuál es mi lugar en este mundo? Si es verdad eso de que todos tenemos una vocación, ¿cuál será el llamado que el Señor me hace a mí?

Un viejito una vez me dijo: “la vocación está escrita en la palma de tu mano”. No quise ser descortés: sonreí, simulando buscar en las palmas izquierda y derecha, algo que estaba seguro que no podía estar allí… Menos mal que enseguida aclaró la idea: “La vocación –dijo- no es un dato “ajeno” a nosotros mismos, algo de fuera; al contrario, está de alguna manera inscrito en lo que somos desde siempre; está en nuestra esencia más básica, desde que estamos en el vientre de nuestra madre, o -dicho de otra manera- ¡está escrita “en la palma de nuestra mano”! La vocación no es lo que vas a “hacer” en tu vida (tu tarea o misión), sino tu identidad más profunda.

Discernir la vocación no es descifrar oráculos misteriosos, o decodificar mensajes cifrados de algún espíritu que juega a las escondidas. Discernir es reconocer el llamado presente desde siempre en nuestro corazón, a través de signos; caer en la cuenta de que somos hijos de un Padre que nos ama, y que nos hace capaces de amar, cada uno de un modo particular: unos en la vida matrimonial, otros a través de un amor célibe.

Quien descubre su vocación, sabe para qué vino a este mundo, conoce para qué es bueno, y por eso mismo, puede ser plenamente feliz, y hacer felices a los demás.

Este camino no se hace solo: sin los demás no tiene sentido, porque somos convocados para formar un solo cuerpo. Por eso, la Iglesia nos ofrece personas para acompañarnos en este camino, para que nos ayuden a dar pasos con libertad, confianza y responsabilidad.

En el seminario, en este momento, viven 26 jóvenes de distintas partes del país que se preparan para ser sacerdotes. Pero la casa es grande, y hay lugar para alguno más…

 
Ánimo, y ¡a las órdenes!
 
P. Guillermo

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