De nuestros estatutos.

El Seminario Mayor Interdiocesano "Cristo Rey", situado en Montevideo, Uruguay, es una comunidad humana, eclesial y educativa a la que la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) le ha confiado la tarea de formar a los futuros pastores del pueblo de Dios (cf. PDV 60-61; OT 4).
Fue erigido el 21 de febrero de 1880 por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer Obispo del Uruguay.
La finalidad de este Seminario es la formación integral de los futuros pastores de las Iglesias locales del país.

Mons. JacintoVera.



Tomado del tríptico publicado en la página de la CEU.

Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera.

Nació el 3 de julio de 1813 en el Océano Atlántico, frente a las costas de Brasil, cuando su familia se dirigía al Uruguay desde las Islas Canarias. De joven trabajó en el campo con los suyos, en Maldonado y en Toledo. Descubrió su vocación haciendo ejercicios espirituales en Montevideo. Incorporado al ejército fue licenciado por el Presidente Constitucional, para que pudiera continuar sus estudios sacerdotales. Celebró su primera Misa el 6 de junio de 1841 en Buenos Aires. Teniente Cura y luego Párroco de la Villa de Guadalupe de Canelones durante 17 años. Fue nombrado Vicario Apostólico del Uruguay el 4 de octubre de 1859; consagrado Obispo en la Iglesia Matriz de Montevideo el 16 de julio de 1865.
Participó del Concilio Vaticano I en 1870. Primer Obispo de Montevideo desde el 13 de julio de 1878. Apóstol de la ciudad y la campaña, recorrió todo el Uruguay. Socorrió a los heridos de las guerras civiles y encabezó misiones de paz. Padre de los pobres, amigo de sus sacerdotes, promotor del laicado. Promovió la educación y la prensa católica.
Fundó el Seminario para la formación del clero nacional, confiándolo a la Compañía de Jesús.
Protector de numerosas Congregaciones religiosas que él mismo procuró que vinieran a nuestra tierra. Patriarca de nuestra Iglesia, defensor de sus derechos. Hombre de Dios, amado por el pueblo.
Murió santamente, durante una misión que realizaba en Pan de Azúcar, el 6 de mayo de 1881.
Junto a su tumba, en la Catedral de Montevideo, rezó el Beato Papa Juan Pablo II.


Testimonio del diario “El pensamiento argentino” cuando Mons. Jacinto Vera deja Buenos Aires para retornar al Uruguay después de su destierro, en 1863:

“El venerable proscripto, asilado en una humilde celda del convento de San Francisco, que prefirió al Palacio Episcopal y otras habitaciones, nos ha edificado con su humildad, paciencia y mansedumbre. La alegría de su semblante indicaba la paz de su conciencia y la sublimidad del héroe cristiano que dice con el Apóstol: me conviene gloriarme en la cruz de Jesucristo.”


Testimonio del Padre Luis Lasagna (primer superior de los salesianos en Uruguay) en carta a Don Bosco, 1877:

“Hay que contemplarlo en el campo de las fatigas apostólicas, para quedar atónitos y arrebatados de indecible admiración. Está con nosotros y desde el
primer encuentro, se reveló como hombre de suma humildad, de una amabilidad totalmente paternal, de una franqueza y simplicidad que cautiva los corazones; en el trabajo es un apóstol, un celosísimo
apóstol, en el verdadero y más grande sentido de la palabra. Y con esto entiendo decir que su apostolado no lo ejerce en salones cubiertos de tapices bordados de oro, ni desde un escritorio, hundido en un suave sillón con posabrazos, sino en la cabecera de los moribundos, en el tugurio maloliente del mendigo que visita y socorre en persona, en el confesionario dentro del cual se encierra durante largas, larguísimas jornadas enteras, dispensando a sus hambrientas ovejas el pan del consejo y del perdón.
Muy a menudo predica en la ciudad y, de tanto en tanto, monta a caballo y vuela a través de estas llanuras inmensas y despobladas, buscando algún
grupo de ranchos para allí predicar, bautizar y confirmar.”


Testimonio de  
Juan Zorrilla de San Martín  
escrito en 1931:

“Me parece que con Mons. Vera se  santificará nuestro Uruguay querido, a quien él amó tanto y sirvió y evangelizó. Nadie lo ha querido más que él; nadie lo ha servido más. No recuerdo una sola imperfección en aquel hombre a quien conocí y traté desde niño; su sombra es todo pureza, todo luz.”



O R A C I Ó N
Dios, Padre nuestro,
te rogamos por tu amado Hijo Jesucristo
y por la intercesión de su Inmaculada Madre,
que glorifiques tu Nombre en
tu Siervo Jacinto
y le concedas ser reconocido entre tus santos,
para alabanza de tu gloria
y alegría del pueblo cristiano.
Dame, Señor, por su intercesión,
la gracia que humilde y
devotamente te pido
y ayúdame a conformar mi
vida según tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria
(breve silencio para pedir la gracia deseada)



Para comunicar las gracias obtenidas
por la intercesión de Mons. Vera, dirigirse a:
jverapostulacion@arquidiocesis.net
o
Parroquia
Vice-postulación de la causa
del Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera
Catedral
Ituzaingó 1373

11000 Montevideo - URUGUAY.